Se va el azúcar, entran el incienso y el azafrán
Cinco listas nuevas, de Vogue a Marie Claire, coinciden en lo mismo: la vainilla dulce le cedió el otoño al humo, a las especias y al verde.
En una sola semana, cinco listas, de Vogue India a Marie Claire, dijeron exactamente lo mismo: la vainilla dulce ya empalagó. En su lugar entran el incienso (resina de boswellia, la misma que humea en el incensario de una iglesia), el azafrán, las resinas ahumadas y los acordes verdes de hierbas: todo lo que huele a espacio y no a postre. Abajo, ocho frascos para cinco direcciones, del estante del supermercado al nicho, y una respuesta honesta sobre qué gourmands del año pasado todavía se pueden usar.
Verde y café: el otoño no es solo humo
El denominador común de esta lista no es el dulzor, es la sequedad. Cada uno de estos perfumes es humo, especia o hierba, y ninguno huele a comedor; hasta el café y la tonka entran aquí como amargor, no como postre. La regla de este otoño es simple: si tiene algo amargo o ahumado, llega a noviembre; si no lo tiene, se queda en agosto.
La vainilla no desapareció: dejó de ser la protagonista.
Qué del año pasado sigue funcionando: vainilla con especia arriba, café con licor, tonka en lugar de vainilla. Qué ya se lee como temporada vieja: el caramelo puro y la vainilla azucarada sin una sola nota amarga, esos gourmands ambarinos a todo volumen de los que Allure habla como de una moda de hace varios años. Huele el incienso y el azafrán antes de octubre: en noviembre ya va a haber fila.







